Nadie da duros a cuatro pesetas y, cuando un producto cosmético cuesta mucho menos por internet, a mí me huele que hay gato encerrado.

Muchos de vosotros adquirís cosméticos en línea a través de plataformas low cost, pero ¿por qué son tan baratos? ¿A qué se debe tanta diferencia de precio?

En muchas ocasiones, se trata de empresas o vendedores que necesitan liberarse de un exceso de estocaje. Comercializan los productos cuando ya están al límite de su caducidad o tras haber pasado demasiado tiempo desde su fabricación. Y aquí radica uno de los principales problemas: un cosmético tiene una vida útil de varios meses una vez abierto, pero si lleva años fabricado cuando llega a tus manos, sus principios activos se habrán degradado y no estarán en las condiciones óptimas para cumplir su función.

Al final, terminas perdiendo tiempo y dinero. Pero lo peor ocurre cuando cuestionas la valía del profesional que te asesoró, pensando que la rutina pactada no funciona, cuando el problema real es el estado del producto.

Además de la fecha de caducidad, hay otro factor crítico: las condiciones de almacenamiento y conservación durante todo el trayecto. Tu facialista puede diseñarte una rutina maravillosa con una combinación perfecta de activos, pero no dará el resultado esperado si la fórmula ha estado expuesta a altas temperaturas o mala iluminación en un almacén cualquiera.

Por eso, siempre recomiendo adquirir los cosméticos a través de profesionales de confianza. Somos quienes aportamos el conocimiento, analizamos las necesidades reales de tu piel y nos responsabilizamos de que el tratamiento sea verdaderamente efectivo.

Con cariño,

Jenifer Alonso

Experta facialista