Llevo años trabajando con rostros y, cuanto más los observo, más claro tengo qué tipo de belleza quiero defender.

Una belleza cuidada y natural. Una belleza que trabaja la piel cuida el tejido y acompaña al rostro sin borrar aquello que nos hace ser quienes somos. Me gusta que un rostro se vea bonito, luminoso y en equilibrio, pero también que conserve su gesto, su expresión y, sobre todo, su verdad.

Para mí, el rostro no está solo para verse bien. También habla de nosotros: de cómo vivimos, de cómo sentimos, de cómo nos expresamos y de quiénes somos. Es parte de nuestra identidad y también una de las formas en las que los demás nos leen, nos reconocen y nos entienden.

No juzgo a quien decide ir más allá. Creo sinceramente que hay espacio para todas las maneras de entender la estética. Pero la mía es esta.

Creo en una belleza que no busca uniformar. Que no necesita vaciar un rostro de identidad para resultar bonita. Una belleza que cuida acompaña y mejora sin dejar de parecer tuya.

Y creo que también deberíamos empezar a cuestionar la manera en la que hablamos de cumplir años, como si hacerlo fuera algo que debiéramos combatir. Cumplir años es un regalo. Sin embargo, vivimos rodeados de mensajes que nos empujan constantemente a corregirnos, cambiarnos, borrar nuestras huellas o parecernos cada vez menos a nosotros mismos.

Yo prefiero rodearme de voces que hagan el mundo un poco más amable. De voces que no nos hagan sentir insuficientes, que no conviertan cada línea, cada gesto o cada cambio del rostro en algo que haya que eliminar.

Porque cuidarnos no debería significar declararnos la guerra.

Para mí, defender una belleza más humana también pasa por ahí: por aprender a cuidar lo que somos sin sentir que tenemos que dejar de serlo.

Con cariño

Jenifer Alonso
Experta facialista