Vivimos en una época en la que los filtros y el retoque digital han cambiado por completo nuestra percepción de la piel. Hemos visto tantas imágenes con una textura irreal que, en muchos casos, hemos dejado de reconocer cómo es realmente una piel sana.

Y la realidad es muy distinta: los poros no son un defecto, forman parte de la anatomía de nuestra piel.

Como facialista, es una de las cuestiones que más me preguntan en consulta: «¿Cómo puedo cerrar los poros?» La respuesta puede sorprender, pero es importante conocerla.

Los poros no se abren ni se cierran

Existe el mito de que los poros se abren con el calor y se cierran con el frío. Sin embargo, esto no es cierto.

El poro es la salida natural del folículo pilosebáceo y no tiene una estructura muscular que le permita abrirse o cerrarse. Es una estructura estática.

Lo que sí ocurre es que, por diferentes factores, su aspecto puede hacerse más visible.

¿Por qué los poros se ven más dilatados?

Aunque el poro no cambie de tamaño de forma activa, sí existen circunstancias que hacen que parezca más grande:

  • Un exceso de producción de grasa (sebo).
  • La acumulación de impurezas y queratina en su interior.
  • La pérdida de elasticidad de la piel con el paso de los años.
  • El fotoenvejecimiento provocado por la exposición solar.

En estos casos, el poro puede apreciarse más, pero eso no significa que podamos «cerrarlo».

Entonces, ¿qué podemos hacer?

La buena noticia es que sí podemos mejorar notablemente su aspecto.

El objetivo no es eliminar los poros —porque eso es imposible—, sino mantenerlos limpios, desobstruidos y favorecer una piel con mejor calidad y textura.

Para conseguirlo es fundamental combinar:

  • Tratamientos profesionales en cabina.
  • Una buena profilaxis y rutina domiciliaria
  • Protección solar diaria para prevenir el fotoenvejecimiento.

Cuando la piel está equilibrada y cuidada, los poros se perciben mucho menos.

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Dejemos de perseguir una piel que no existe

Las redes sociales nos muestran constantemente rostros sin textura, sin poros y sin imperfecciones. Pero esa piel perfecta, en la mayoría de los casos, no es real: son filtros, retoques o una iluminación muy cuidada.

Una piel sana tiene textura. Tiene poros. Y eso es completamente normal.

En lugar de obsesionarnos con hacerlos desaparecer, aprendamos a cuidar nuestra piel para que esté saludable, equilibrada y bonita desde la realidad.

Porque los poros no se borran. Se cuidan.

Jenifer Alonso
Experta Facialista